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Piensa en el jefe que no te gustaría volver a tener, ¿se te viene alguien a la mente?
La mayoría en algún momento tuvo un supervisor complicado, de esos que tienen más de un “enemigo” en la oficina y al que casi nunca se le queda bien. Mientras visualizas a esa persona, intenta recordar cuáles comportamientos lo convertían en un mal jefe.
Si tú, por el contrario, quieres llegar a ser un líder que motive a tu equipo, deberías evitar esas actitudes y enfocarte en seguir estos consejos:
El conocimiento se vuelve aún más valioso cuando se comparte. Todo buen líder se preocupa porque los miembros de su equipo asuman nuevos retos constantemente; hacerlo no solo mejorará el rendimiento del grupo, sino que los hará crecer como profesionales y los mantendrá inspirados.
Empieza a hablar menos y a escuchar más, así te darás cuenta del aprendizaje e ideas valiosas que puedes obtener de tus compañeros. Además, escuchar es una excelente oportunidad para recibir feedback, porque por más que creas que lo tienes todo bajo control y estás haciendo un excelente trabajo, la percepción de ellos puede ser distinta.
Sabes a la perfección qué hace cada miembro de tu equipo; pero, ¿realmente los conoces? No solo deberías destinar tiempo a cumplir las metas de tu trabajo, sino también tomarte un momento para conocer a tus colaboradores. Saber qué sienten, qué necesitan y cuáles son sus objetivos de carrera te ayudará a entenderlos y a comprender cómo puedes ayudarlos.
No seas el tipo de profesional al que le gusta llevarse el crédito por los logros de los demás. Reconoce el trabajo de otros y agradécelo, esto los hará tener mayor iniciativa y validará que están haciendo bien sus tareas.
Estar en contacto con tus emociones, saber gestionarlas y poder comprender las de las personas a tu alrededor es fundamental. Para ser buen líder primero debes ser capaz de liderarte a ti mismo, teniendo control sobre tus pensamientos y emociones.
Ten en cuenta que el liderazgo es un proceso de aprendizaje continuo, el líder se hace a sí mismo esforzándose constantemente por mejorar y manteniendo un ambiente positivo. El optimismo y entusiasmo que inyectes a tus tareas no sólo motivará al resto de colaboradores, sino que ayudará a que surjan nuevos líderes en tu organización.
*Foto por Steven Lelham en Unsplash