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No. 29, septiembre – octubre 2024.  La persona elegida para iniciar la sesión de práctica era Ph.D. en psicología y tenía gran experiencia en investigación. Era bien conocida en su campo y gozaba del respeto de sus colegas. Inició la sesión con confianza, hablando de algunos marcos teóricos, pero al seguir hablando sobre conceptos cada vez más abstractos, iba perdiendo la atención de la audiencia. Pronto fue evidente que ella misma estaba perdida.

Estábamos en una sesión de práctica entre miembros de la facultad del Instituto Nacional de Administración Pública de un país suramericano, cuyos profesores —muchos graduados de la escuela de administración pública John F. Kennedy de Harvard—deseaban aprender a enseñar con el método de casos. Esta sesión de práctica era la culminación de una semana intensiva de trabajo, y toda la clase quedó en shock ante el fracaso de la doctora, quien había participado activamente a lo largo del programa. ¿Por qué no podía parar de hablar y dejar que sus colegas participaran?

La razón es porque los hábitos perduran, y el hábito de dar conferencias durante años no desaparece en una semana. Requiere hacer un plan de vuelo y ejecutarlo con disciplina, así como el cierre de la sesión requiere un aterrizaje controlado (ver #5 de este blog).

En general, hay tres alternativas para iniciar una sesión con el método de casos: 1) ir directamente al caso, 2) hacer una reflexión sobre la discusión del día anterior y 3) aplicar un quiz o alguna dinámica. Generalmente no es buena idea hablar sobre el caso el mismo día; se supone que los estudiantes lo tienen bien preparado.

A menos que exista la oportunidad para el aprendizaje, es mejor omitir cualquier introducción e ir directamente al caso, donde las alternativas se reducen a dos: hacer un lanzamiento suave con una pregunta abierta; o hacer una llamada a quemarropa a uno de los estudiantes: sorpresiva, sobre qué debe hacer el protagonista y por qué. La quemarropa garantiza un inicio animado de la sesión, pero arriesga la resolución prematura e incompleta del caso: puede dejar hilos sueltos si no hay manejo muy diestro de los bloques de discusión que siguen.

Iniciar con un resumen de la discusión del caso anterior puede crear valor de aprendizaje que justifica aplazar la discusión del caso de hoy, porque permite que el instructor tenga tiempo para hacer una verdadera reflexión y no simplemente un recuento de conclusiones pre cocinadas en los últimos minutos de la clase. Es también un ejercicio valioso para el instructor, quien puede preparar sus comentarios mientras califica la participación, a la vez preguntándose qué hice bien y qué tengo que mejorar.  Esta “reflexión diferida” puede tomar unos 10 minutos, al inicio de la clase.

La alternativa de iniciar con un breve quiz, con una pregunta bien formulada, también puede generar aprendizaje: incentiva la preparación más profunda del caso, permite al estudiante recibir mayor retroalimentación y crea un nivel positivo de tensión en la clase.

La historia de la doctora elegida para enseñar la sesión de práctica no terminó con su humillación. Ella pidió la oportunidad de enseñar el caso programado por la tarde, y después de ochenta minutos de haber guiado una animada discusión, recibió un aplauso caluroso y sostenido de sus colegas.

John C. Ickis