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En el marco de los juegos Olímpicos de Paris 2024 analizamos algunos datos para tratar de encontrar las claves del éxito de los países en los Juegos Olímpicos; entendiendo que el camino hacia las medallas olímpicas no se basa únicamente en el talento individual, el entrenamiento atlético o la infraestructura deportiva. Un análisis de las condiciones sociales de los países revela que el progreso social desempeña un papel crucial en la capacidad de una nación para destacar en este escenario global. Este texto explora brevemente la fascinante relación entre el progreso social, los factores económicos y el éxito olímpico, ofreciendo una perspectiva valiosa para una América Latina que puede ser consistentemente exitosa en los juegos.
De un modo exploratorio buscamos la correlación entre las medallas olímpicas per cápita y el Índice de Progreso Social (IPS), que mide el desempeño de un país a través de 12 componentes sociales y ambientales, y 57 indicadores para 170 países. Los datos de medallas considerados abarcan el total de las medallas obtenidas por cada país en los Juegos Olímpicos de Verano desde Helsinki 1952 hasta Tokio 2020, mientras que los datos del IPS provienen del índice del 2023; mientras que del Banco Mundial se obtuvieron los datos de población que fueron usados para calcular el número de medallas per cápita; y el producto interno bruto per capita ajustado por paridad de compra.
En nuestro análisis del éxito olímpico, optamos por utilizar las medallas per cápita como métrica principal por dos razones fundamentales. En primer lugar, este enfoque permite una comparación más justa entre naciones, ya que un simple conteo de medallas totales puede resultar engañoso al no tener en cuenta las diferencias poblacionales. Los países con mayor población tienen, naturalmente, un mayor número de atletas y, por ende, más oportunidades de obtener medallas. Al considerar las medallas per cápita, nivelamos el campo de juego, permitiendo una evaluación equitativa entre países grandes y pequeños. En segundo lugar, esta métrica refleja la eficiencia con la que una nación utiliza sus recursos para producir atletas de élite. Un país que consigue numerosas medallas con una población reducida demuestra una alta eficacia en la identificación y desarrollo del talento atlético, lo cual es un indicador valioso de la efectividad de sus programas deportivos y políticas de desarrollo social.
Nuestro análisis revela una correlación positiva significativa (0.513) entre el Índice de Progreso Social (IPS) general y las medallas olímpicas per cápita, lo que sugiere que los países con mayor progreso social tienden a obtener más éxitos olímpicos en relación con su población. Esta relación se ilustra claramente en la Figura 1, que muestra la distribución de países según su IPS y su rendimiento olímpico. Los componentes del IPS más influyentes en este éxito deportivo son la Sociedad Inclusiva (correlación de 0.529), la Educación Avanzada (0.518) y la Libertad Personal (0.496), todos pertenecientes a la dimensión de Oportunidades del IPS, que se enfoca en las capacidades y libertades que permiten a los individuos alcanzar su pleno potencial.
Es importante destacar que, aunque el PIB per cápita muestra una correlación positiva moderada (0.337) con las medallas per cápita, esta relación es menos fuerte que la observada con los componentes del IPS. Esto sugiere que, si bien los niveles de ingresos más altos están asociados con un mejor rendimiento olímpico, no son suficientes por sí solos para garantizar el éxito. En otras palabras, el progreso social, especialmente en áreas que fomentan la inclusión, la educación avanzada y las libertades personales, parece ser un factor más determinante en el éxito olímpico que el mero poder económico de un país.

Fuente: Cálculos propios con datos del Índice de Progreso Social, Banco Mundial, y el Comité Olímpico Internacional.
Países destacados
Estos países sobresalen tanto en el IPS como en medallas per cápita, con altos puntajes en la dimensión de oportunidades.
Países con oportunidades de mejora
Estos países, a pesar de tener ingresos medios o altos, muestran un rendimiento olímpico per cápita bajo, en concordancia con su desempeño bajo en la dimensión de oportunidades.
Claro, también hay “datos atípicos”, países que han priorizado el escenario olímpico para promocionar sus gobiernos, como Cuba, que para su nivel de progreso social (IPS: 67.78, ranking IPS:74, ranking en medallas per cápita:15) tiene un alto desempeño olímpico. O como Jamaica que sabiendo aprovechar el talento natural de sus atletas de velocidad se ha posicionado como uno de los países más exitosos en las olimpiadas (IPS: 72.36, ranking IPS:54, ranking en medallas per cápita:4). Pero, sin contar los casos atípicos, las tendencias generales muestran que se necesitan ciertas condiciones del bienestar colectivo para potenciar el talento deportivo del país en deportes de alto rendimiento y en las olimpiadas.
Finalmente, los datos analizados sugieren que el éxito olímpico de un país es más probable cuando se tiene un ambiente de oportunidades donde las personas puedan alcanzar su pleno potencial. Este enfoque abarca la creación de programas que fomenten la inclusión social y garanticen la igualdad de oportunidades en el deporte, la inversión en educación avanzada, y el fortalecimiento de los vínculos entre instituciones educativas y programas deportivos. Aunque la correlación entre estos factores y el éxito olímpico no implica causalidad directa, sí sugiere que el progreso social crea un entorno propicio para el florecimiento del talento atlético. El camino hacia el podio olímpico comienza en las aulas, en las comunidades inclusivas y en las sociedades que valoran la libertad, creando un círculo virtuoso que no solo mejora el rendimiento deportivo, sino que tiene la capacidad de elevar la calidad de vida de todos los ciudadanos más allá de un ciclo olímpico de cuatro años.